
Angélica Varum es una cantante cuya carrera se desarrolló no según las leyes de la industria del espectáculo, sino siguiendo una lógica interna de gusto e intonación. En su música nunca hubo una búsqueda de efectos estruendosos ni de una actualidad agresiva. Varum eligió otro camino: sereno, observador, construido sobre matices, melodía y la capacidad de hablarle al oyente en voz baja.
Angélica Varum (nombre real — María Yurievna Varum) nació el 26 de mayo de 1969 en Leópolis. Creció en una familia donde la música y el teatro no eran una profesión, sino un entorno natural de existencia. Su padre — Yuri Ignátievich Varum, compositor y arreglista; su madre — Galina Shapovalova, directora teatral. Era un ambiente en el que la creatividad no se dividía entre «trabajo» y «vida cotidiana» — simplemente estaba presente.
Debido a las constantes giras de sus padres, María pasó una parte considerable de su infancia con su abuela. Más tarde señaló en repetidas ocasiones que fue precisamente ese periodo el que le enseñó a escuchar, observar y no buscar una atención constante. En su futura manera escénica — contenida y carente de presión externa — se reconocen fácilmente esos hábitos tempranos.
Formación musical
Varum no tuvo formación musical en el sentido soviético tradicional. Su padre se negó de forma consciente a enviar a su hija a una escuela de música, considerando que un sistema educativo excesivamente formalizado a menudo suprime la individualidad. Angélica estudiaba música en casa.
Desde temprana edad tocaba el piano, más tarde aprendió a tocar la guitarra y comenzó a cantar. Durante los años escolares participó en las giras de un teatro infantil, interpretando canciones folclóricas y de música popular. Fue una experiencia de escenario vivo — sin brillo televisivo y sin orientación hacia un formato.
Primeros pasos y comienzo de la proyección pública
Tras finalizar la escuela, Angélica intentó ingresar en la Escuela Superior de Teatro Shchukin. No superó los exámenes. En entrevistas posteriores, la cantante mencionó que una de las razones fue su marcado acento ucraniano, que en aquel entonces se consideraba un serio obstáculo para la carrera actoral.
Al quedarse en Moscú, Varum comenzó a trabajar como corista en el estudio de su padre. Este periodo se convirtió para ella en una escuela práctica de la profesión: observó el proceso de grabación, los arreglos, el trabajo de los músicos y la lógica de los productores — sin ilusiones ni idealización.
Se considera que el punto de partida de su carrera solista fue 1989, cuando la canción «El vaquero de medianoche» sonó en el programa televisivo «Correo matutino». Fue después de esta emisión cuando el nombre de Angélica Varum se volvió reconocible para un público amplio. Las actuaciones en grandes escenarios llegaron más tarde.
La formación de una imagen propia
En 1991 se publicó el álbum debut «Adiós, mi muchacho». Estaba realizado dentro de la estética del pop de variedades de comienzos de los años noventa y recibió una amplia respuesta del público. Sin embargo, la imagen verdaderamente reconocible de Varum se formó tras la salida del álbum «La-la-fa» en 1993.
Las canciones «La-la-fa», «El pueblito» y «El pintor que dibuja la lluvia» consolidaron su reputación como una artista de entonación ligera, irónica pero precisa. La imagen de «mademoiselle La-la-fa», aparecida en la prensa, no fue un recurso escénico, sino una prolongación natural de su carácter.
Madurez y ampliación del lenguaje musical
En la segunda mitad de los años noventa, Angélica Varum se fue alejando gradualmente de la forma pop directa. El álbum «Jazz de otoño» (1995) fue percibido como un trabajo más íntimo y adulto, y obtuvo reconocimiento profesional.
Los álbumes de 1996 — «A dos pasos del paraíso» y «Cereza de invierno» — consolidaron a Varum como una heroína romántica, cuyas canciones se convirtieron en auténticos éxitos populares sin perder la estética musical ni el sentido de la medida.
Teatro, cine y vida personal
A pesar del fracaso al intentar ingresar en una institución teatral, el tema actoral no desapareció de su biografía. En 1997 Varum interpretó el papel de Katia en la obra «La pose del emigrante» (director: Leonid Trushkin), debutando en una escena dramática profesional.
En 1999 protagonizó la película «El cielo en diamantes», cumpliendo un viejo sueño de trabajar en el cine. Sin embargo, la carrera actoral no se convirtió en su prioridad — la música siguió siendo lo principal.
El 9 de febrero de 1999, Angélica Varum y Leonid Agutin tuvieron una hija, Elizaveta. En ese momento la pareja aún no estaba casada oficialmente. La boda y la ceremonia religiosa se celebraron más tarde — en el año 2000 en Venecia, una ciudad que se convirtió en una parte importante de su imagen pública compartida.
Periodo de madurez
En los años 2000, Angélica Varum fue reduciendo gradualmente su actividad pública. Sus nuevas obras se volvieron más contenidas e introspectivas, orientadas no al formato, sino a la entonación y al diálogo interior con el oyente.
Este periodo consolidó definitivamente su reputación como una artista para la que la precisión y la perdurabilidad son más importantes que la frecuencia de los lanzamientos.
Angélica Varum — discografía
Álbumes de estudio
1991 — «Adiós, mi muchacho»
Álbum debut con el que comenzó oficialmente la carrera solista de la cantante. Pop de variedades clásico de principios de los años noventa.
Canciones clave:
- Adiós, mi muchacho
- El vaquero de medianoche
- Sueños
- No te vayas
1993 — «La-la-fa»
Álbum decisivo que formó la imagen reconocible de Varum y consolidó su estatus de estrella.
Canciones clave:
- La-la-fa
- El pueblito
- El pintor que dibuja la lluvia
- Dos caminos, dos destinos
1995 — «Jazz de otoño»
Uno de los álbumes más maduros musicalmente. Sonido de cámara, entonaciones jazzísticas. Ganador del premio «Ovación».
Canciones clave:
- Jazz de otoño
- Dibuja el amor
- El cielo
- Di que me amas
1996 — «A dos pasos del paraíso»
Álbum de estudio completo. Un hito importante de mediados de los años noventa, que a menudo se pierde erróneamente en las discografías.
Canciones clave:
- A dos pasos del paraíso
- Cereza de invierno
- Nieve
- Vals
«Cereza de invierno» forma parte de este álbum, y no de un proyecto cinematográfico independiente.
1998 — «Solo ella»
Álbum con un sonido más contemporáneo para finales de los años noventa, con un ritmo más marcado y arreglos pop.
Canciones clave:
- Solo ella
- Siempre estoy contigo
- Hoja blanca
- Si alguna vez
2002 — «Alto, curiosidad»
Obra introspectiva y filosófica. Uno de los primeros álbumes del pop ruso presentados en formato online.
Canciones clave:
- Alto, curiosidad
- No te alejes
- Amor sin reglas
- Febrero (dúo con Leonid Agutin)
2009 — «Si él se va»
Álbum maduro y contenido. Mínimo efecto externo, máximo diálogo interior.
Canciones clave:
- Si él se va
- Tarde
- Tú y yo
- Entre nosotros
2013 — «La loca»
El último álbum de estudio hasta la fecha. Sonido contemporáneo sin orientación hacia la moda.
Canciones clave:
- La loca
- No me esperes
- Cuídame
- Nieve en la cabeza
Recopilaciones y retrospectivas
1995 — «Lo mejor»
La primera recopilación oficial que resume la etapa inicial de su carrera.
2001 — «The Best» / «Las mejores canciones»
Diferentes ediciones con los principales éxitos de los años noventa.
2008 — «Música»
Recopilación retrospectiva orientada al público de conciertos.
Canciones clave y sencillos (fuera de la lógica de álbum o como éxitos emblemáticos)
- El vaquero de medianoche
- El pueblito
- La-la-fa
- El pintor que dibuja la lluvia
- Jazz de otoño
- Cereza de invierno
- A dos pasos del paraíso
- Febrero (dúo)
- La reina (dúo)
- Romance de oficina (canción y programa de conciertos, no es un álbum)
Nuevo vector: jazz y lírica de autor
En las décadas de 2010 y 2020, la obra de Angélica Varum se transformó definitivamente hacia una «música no para todos». Dejó de orientarse por las listas de éxitos y se concentró en arreglos complejos y textos profundos.
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Álbum «Mujer» (2016): Grabado en Estados Unidos en colaboración con el compositor Ígor Krutói, este proyecto demostró la madurez vocal de la cantante. El disco, realizado en la estética del jazz y el lounge de variedades, recibió una alta valoración internacional.
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Colaboración con Sado Novosádovich: Los álbumes «En pausa» (2018) y especialmente «Bossa triste» (2020) revelaron al oyente una «nueva Varum». Se trata de música melancólica, filosófica y minimalista, donde la voz de la cantante suena de forma extremadamente íntima.
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Programas de jazz: En los últimos años, Angélica actúa con frecuencia junto a un quinteto de jazz, presentando sus antiguos éxitos en nuevas interpretaciones improvisadas, a veces casi irreconocibles.
Esta etapa subrayó el estatus de Varum como una artista libre, capaz de experimentar sin mirar atrás a las exigencias comerciales de la industria.
Angélica Varum nunca buscó ser «la primera a cualquier precio». En su carrera no hubo giros bruscos, escándalos ni relanzamientos demostrativos. Es un camino de estabilidad silenciosa, en el que el nombre de la artista conserva la confianza del oyente durante décadas.
Rara vez concede entrevistas y prefiere hablar a través de la música. Precisamente por eso sus canciones no envejecen con la época: existen ligeramente al margen del tiempo y siguen siendo reconocibles hoy.